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Diseñadora, inquieta, creativa y reflexiva, nunca me voy a la primera, escudriño e investigo antes de dar rienda suelta a la creatividad.
No sabemos bien a bien lo que significa cursi, el DEM nos dice que es algo ridículo y de mal gusto, pero con pretensiones de elegancia y distinción: una casa cursi del pedregal, una señora cursi, un discurso cursi; y en una segunda acepción: que trata de expresar sentimientos o emociones supuestamente elevados, pero de manera vulgar, ridícula y de mal gusto: una telenovela cursi, un poema cursi.
Muchas veces decimos que una persona un artista o un escritor son cursis: Bécquer, o los poemas «Por mi madre, bohemios», «Mamá, soy paquito, no haré travesuras»… y en ocurrencias más actuales, sabemos que se le dice cursi a una persona que presume de fina y elegante sin serlo, o de acuerdo a largo que, con apariencia de elegancia o riquieza, termina por ser kitsch, charra o naca.
El concepto se nos escapa, da vueltas, tiene matices, está lejos de ser absoluto, porque lo que es cursi para algunos no lo es para otros; lo que nos puede parecer de tal forma en un estado de conciencia, no lo es en otro -como cuando estamos enamorados, por ejemplo-; también cambia la percepción de gereración en generación: lo que a nuestros padres les gustaba y lo sentían de moda y cool. a nosotros nos parece absolutamente cursi, y así seguirá. Lo cierto es que lo cursi, así como lo naco o lo kitsch, está en todos lados, pero nadie lo puede asir. Por eso, siguiendo los pasos de Botellita de Jerez que dijo en su día «naco es chido», me uno a las hordas de los cursis y proclamo a voces «cursi es chido»
El cine contiene enseñanzas tremendas. En el cine vi cómo Nobel inventó la dinamita -y cómo después, aterrado por los resultados, inventó el Premio Nobel-, cómo Monty Wolley trató de cobrar un seguro hundiendo un barco con una bomba casera. En el cine aprendí que era fácil abrir cajas fuertes, pero también, que el que la hace la paga. Toda esta cultura la absorbí sin ninguna dificultad, en el cine en donde aprendí más cosas que en los años que he pasado sentada en un pupitre frente al maestro.
¡Qué bonita es la Navidad a últimas fechas! Cada vez más lejos de “Dios” y más cerca de los EE.UU. Los Santacloses nos invaden acompañados de renos, nieve y osos polares, y hasta en este país tropical hay que ir esquivando a los muñecos blancos con bufanda, los trineos y los duendes. ¿Dónde quedaron los peregrinos, las letanías y las posadas? ¿Dónde los naciemientos y los belenes? ¿Dónde se perdieron la misa de gallo y la colación, las piñatas y el ponche? Quizá se extraviaron en algún punto entre el olvido y las marcas, entre la publicidad y el dinero que la Navidad genera cada año para el comercio.
